La débil voz de la diosa Razón
(un cuento de Airah Kees)

I

Sólo veía dos brazos, enguantados hasta el codo, descansando sobre la fría mesa. Una vela encapuchada a su espalda era la única luz de la sala, la ventana y la puerta cerradas.

Garbek apenas podía oír aquella voz metálica que reverberaba ligeramente. Quizá su patrón llevara también una máscara de cobre o bronce, el ratero no podía decirlo. Hablaba muy despacio con un ritmo monótono, sin esforzarse. Tuvo que aguzar el oído para no perder las palabras en el tumulto proveniente de la sala contigua, llena de borrachos cantando, putas riendo y mercenarios gritando sus bravuconadas.

– La situación es distinta ahora. – Tomó una pausa, exasperante. Parecía meditar. – Deberá acabar con su invitado. – El patrón no se movía, Garbek se preguntaba si respiraba – Asegúrese de que no encuentran el cuerpo. – ¿Acaso ladeó mínimamente la cabeza ahora? – Sería una gran inconveniencia para todos.

Aclaró la voz intentando parecer tranquilo pero apenas salió un hilo de voz tras carraspear.

– Sí, excelencia.

Un gesto mínimo y desdeñoso con la mano izquierda le ordenaba salir. El secretario corrió el travesaño de la puerta. Había estado ahí todo el tiempo, en silencio, y Garbek lo había olvidado por completo. Redescubría ahora aquella máscara de madera, inexpresiva, que ocultaba el rostro del hombre de confianza de su empleador.

Contra su voluntad, respiró hondo, notablemente aliviado, al dejarlos atrás. Atravesó la sala de la taberna con paso firme y decidió. Matar al mocoso. No sería más difícil que aguantar esa cascada inagotable de preguntas, rabietas, risitas nerviosas y quejas que no parecían detener amenazas ni golpes. Ahora vería ese renacuajo. Al llegar a la salida, un enorme brazo velludo lo rodeó por los hombros.

– ¡Hermano Garbek, rey de los ladrones de medio pelo! ¿Dónde están tus modales? ¿Ya no tienes monedas para pagar una frasca de buen vino aromático al valiente Wiromo? Soy yo, tu querido colega de desventuras y peligros – El ratero se sorprendió golpeando al gigante borracho con el codo.

– ¡Maldito borracho! Hijo de ramera barata. Gorrón maloliente ¡Toma dos monedas y piérdete en el más frío infierno de la Tálkada! – Y sin mirar atrás abrió la puerta de madera y salió a aquella noche pegajosa y maloliente que, quién iba a decirlo, agradecía como la más saludable de las brisas de primavera.

Unos cuantos metros sorteando charcos de orina, vómito y perros sarnosos y estaría en casa.

***

Pero hoy no era su día de suerte. La puerta abierta, completamente abatida. Sobre la mesa las botas desgastadas del capitán Tronin Biub´rheim, “La avispa de Lam´ A-Vierh”, recostado en la única silla del inmueble.

– No sé cómo puedes vivir entre tanta mierda. Pero claro, quizá tú no seas más que un poco de estiércol, ¿no Garbek? – La sonrisa desdentada de aquel viejo gordo y barbudo nunca presagiaba nada bueno. – Como no sabíamos cuándo ibas a llegar nos hemos permitido entrar para esperar sentados. ¿Verdad, Vei?

El capitán se puso en pie- Aquel bastardo era muy grande, seguramente no pudiera pasar por el vano de la puerta sin agacharse – Siéntate, por favor. Tenemos algunas preguntas para ti. Seguro que quieres responderlas cuanto antes para poder irte a dormir la mona.

Garbek sintió un golpe pesado y seco en la espalda. Justo antes de caer de rodillas sobre aquel suelo que olía a alcohol barato y mierda.

 

II

Garbek se retrasaba y Nilay se estaba impacientando. Miraba por la ventana una y otra vez. Como si eso fuera a acelerar el paso de su compadre.

Afortunadamente el niño dormía. Alabado sea Bogu. Después de un día inacabable con aquel demonio hablando sin parar, saltando de aquí allá y tirándole platos, copas y mil trastos a la cabeza, había caído rendido en el catre. ¡Hasta le había mordido al retirarle la mordaza a la hora de la cena! Maldito bastardo maleducado. Cómo hubiera querido estamparle la cara contra el suelo en no menos de cien ocasiones hoy.

Nilay se dejó caer sobre la silla de madera que crujió un poco. La vela estaba a punto de terminarse. Aún faltaba un poco pero mejor iría a coger una nueva para encenderla con esa misma llama.

Bogu bendito. Esperar. Qué suplicio. Preferiría mil veces estar en la prefectura de la Inquisición aguantando el fuego y el hierro del Vindicador Jefe antes que esperar un solo instante más. ¿Qué hacía aquel borracho bastardo de Garbek? Ya debería estar aquí. Nilay se levantó de nuevo dando vueltas, gesticulando; había olvidado la necesidad de coger otra vela. Se descubrió hablando solo.

Entonces escuchó un golpe. Demonio de niño. ¿Qué en el frío Infierno?

– Oh, Bogu de los Nueve Pilares del Saber – miró al techo como hablando con el Altísimo – ¿No puede su majestad el bastardo dormir como cualquier otro niño a estas horas?

Maniatado y amordazado el niño miraba burlón a su captor como si estuviera disfrutando a más no poder. Se veía un moratón en la frente. Sin duda había conseguido encaramarse, nadie sabría cómo, en aquella especie de cuna a la que estaba atado, en la que apenas cabía, y había golpeado la pared con la testa como un cabritillo enojado. Era evidente que estaba sonriendo bajo la tela.

– Esto es demasiado. Cuando Garbek venga a buscarnos lo entenderá. – El hombre se quitó el cinturón y lo enrolló sobre los nudillos. Golpeó con fuerza el pecho del niño. Cayó de bruces contra el sucio cochón de lana con un llanto seco que intentaba reprimir.

– ¿Lo ves, cabrito bastardo? ¿Lo ves ahora? No te conviene cabrear al tío Nilay. – Usó ahora el cinturón como si fuera un látigo. Golpeaba casi siempre las abrazaderas de la cuna o el cochón. El niño parecía reír más que llorar con la cabeza oculta entre sus bracitos de niño de ocho años.

Cuando el hombre se cansó de latigar el mobiliario, respirando con dificultad y, arrastrando los pies, se dirigió al único ventanuco de la vivienda.

– Maldito bastardo-, murmuró-. Ese bribón ha cobrado y ha ido a emborracharse, el muy cerdo y yo aquí de niñero.

– No vendrá nadie – La vocecilla cantarina venía de la habitación contigua. -Ya te lo he dicho. Mi tío habrá dado con tu socio y le habrá arrancado las tripas después de que confesara dónde estoy. – Nada parecía indicar que acabara de recibir una paliza por parte de un hombre que bien podía pesar siete veces más que él – Vete ahora que aún puedes porque si te encuentra aquí te arrancará la piel antes de hervirte en un caldero de hierro sucio.

– Maldito diablo. Voy a enseñarte.

Cuando pudo preguntarse cómo había hecho el prisionero para soltarse ya era tarde. Estaba largo en el suelo.

 

[continuará…]

 

 


Imagen tomada de:
https://pixabay.com/es/autor-libro-cerrado-portada-149694/

3 Comentarios

  1. “Definitivamente tenemos que bajarle a Baca”, “tu me das coordenadas y Yo mandó una de mis personas, de las bravas ”, “te acuerdas el documento que se mandó donde la amiga, porque el otro ya no existe”, “yo te mando al chiquito, tu ya lo conoces”. Este es parte del diálogo mantenido entre dos corruptos inmorales -Carlos Polit y Jose Serrano- que para Quien no los conoce, podría pensar que se trata de Una conversación entre Al Capone con John Dillinger, o entre Vito Corleone y su lugarteniente Salvatore Tessio, es decir: ENTRE GANGSTERS ! Baca, el Fiscal, también es un personaje opaco, pues el audio deja ver que TODOS sabían de corruptelas y latrocinios y no actuaron en defensa de los fondos públicos. Todos los que pertenecieron al gobierno corrupto y despilfarrador presidido,por Rafael Correa, son unos pillos consumados y están untados en más o en menos ya aflora incontenible toda la porqueria maloliente que los distingue La pregunta ahora es: Y ahora, quien imparte justicia en el Ecuador ??

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