El adolescente talludito y los juegos de rol

Iriksblurff y Nonia Ng´bel esperaban agazapados tras el grueso pilar de obsidiana profusamente tallado. Encaramada a una cuerda atada a una estalagmita del techo, Irba E´hva estaba inmóvil, con todos los músculos en tensión. Observaban impotentes a su compañero, apresado con aquellas gruesas cadenas envejecidas por el óxido y la sangre de los otros desdichados que habían ocupado su lugar sobre el altar de sacrificios. 

El canto de los salvajes -monótono, moroso, grueso e incomprensible- inundaba la cueva como bruma espesa. Apenas se oían los gritos del prisionero.

El viejo sacerdote, el único que cubría su desnudez con unos bastos jirones de piel de algún felino desconocido, levantó los brazos y gritó algo ininteligible. Los yan-yan dieron ahora la espalda al brujo. Empezaron a marcar un ritmo aún más lento golpeando con las palmas en muslos y pecho. Dum-dum-dum…

El sacerdote volvió a gritar y empezó a andar hacia la salida de la cueva levantando anormalmente las rodillas por encima de la cintura. Los hombres se replegaban tras él como un ejército disciplinado, formando una columna que abandonaba la gruta al ritmo cansino e hipnótico de su canto demoníaco.

Irba E´hva hizo una señal a los dos guerreros. Algo se movía por una de las galería que profundizaba hacia las entrañas de la montaña que los yan-yan llamaban Ash´Gur mahar, la Morada del Espíritu Hambriento.

Cabía actuar deprisa. 

Pero antes, Jaime tenía que ir al baño. Otra vez.

– ¿Otra vez, tío? – A Carlos le fastidiaba tener que parar ahora, justo cuando empezaba la acción. – Ir al cine contigo debe ser la hostia.

– ¡Ni te lo imaginas! – El sexagenario sonreía maliciosamente a sus compañeros de partida.

– Venga, pues aprovecho y traigo unos cafés. ¿Me acompañas, Juanjo?

– Claro, Emilio. – Juanjo tampoco era un chaval. Se le veía un gesto involuntario hacia la rodilla al levantarse de la silla- Pedrito, Juan, ¿os traemos algo?

– Uno solo para mí, gracias. Pero descafeinado, por favor. Ya he tomado uno normal hoy y si tomo otro se me dispara la tensión.

I

Pues más o menos así discurren nuestras mañanas de rol.

Cada quince días nos juntamos un grupo de aguerridos mozalbetes y desfacemos entuertos, salvamos reinos y resolvemos (o no) rompecabezas y acertijos. Somos seis. La media roza los cincuenta. La mayoría no vemos bien los números en los dados ni sabemos dónde está el modificador de Sigilo en la ficha. Solo yo me he leído las reglas. Algunas veces las recuerdo.

Nos lo pasamos teta.

 

 

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Imagen de Wikipedia:
De Diacritica – Trabajo propio, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=12225034

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