El arte de defender

Hace algún tiempo contacté con un diseñador de video-juegos. Le dije que me gustaba su producto, que tenía todas las ampliaciones y que, a puntito de terminar la última, echaba de menos algo de variedad: siempre era el atacante, nunca defendía mis posiciones.

Me dijo que era cierto. Que para eso estaba el modo “on-line” pero que tuviera paciencia: algunos jugadores se desconectaban si no jugaban a la ofensiva.

I

Y mira que es divertido planificar una buena defensa. Intentar adivinar dónde y cuándo percutirá el enemigo y con qué fuerzas. Llevar los suministros donde vayan a ser necesarios. Construir defensas. Acercar segundas líneas que permitan fáciles relevos. Ponerte en la cabeza del contrincante por unos minutos, intentando razonar como él o ella lo haría.

Y luego a esperar. Si todo va como habías planeado, cabe juntar las yemas de los dedos como el Sr Burns y sonreír maliciosamente turno tras turno. Si hay sorpresas (y suele haberlas) reaccionaremos con premura y… a juntar las yemas de nuevo.

Qué bonito ver al enemigo estampándose una y otra vez contra el mismo hexágono, ver como se erosionan sus pilas turno a turno, su rostro de desesperación al elegir qué ficha debe eliminar ahora, la gota de sudor antes de esa tirada en la que sólo le vale el Seis…

II

Y muchos dirán ¿es divertido si “casi” no hay que hacer nada? Pues sí. Siempre hay cositas que ajustar, relevos que dar, suministros que mover y, claro, algún contraataque aquí o allá para rentabilizar aún más el descalabro del enemigo.

Por otro lado, si aprendemos a defender bien, aprenderemos a atacar mejor. He visto muchas campañas en que el atacante abandona a mitad de recorrido porque está desfondado. No le quedan suministros, no tiene tropas o, sencillamente ya no imagina dónde puede romper para ganar unos hexágonos más. Así, además de divertido os evitará aprender de los errores de vuestros adversarios.

Hacedme caso. Defender es muy divertido. Probadlo.

Da gustito.